Compartimos la mirada...

viernes, 23 de octubre de 2009


"Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo..."


GIRONDO1.jpg (11568 bytes)

No se me importa un pito que las mujeres...

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.


5 comentarios:

El Viejo @gustín dijo...

impecable
Lo importante es la Actitud.
Gracias x seguirme Sil.
1 beso

PD TE SIGO

SILVINA E. dijo...

No es maravilloso como describe lo invisible en una mujer????
Este poema lo recito Grandinetti,en "el lado oscuro del corazon".En el momento en que vi la pelicula,me enamore del tema de dos personas que juntas pueden"volar"...y ojala existiese el inhodoro para tirar a los que no valen la pena( eso en general, en la vida)...
Gracias por seguirme.Lei algo sobre que estabas mal.Te paso algo que puedas contar?

El Viejo @gustín dijo...

Y si.
Lo femenino se desprende de la imagen.
Fue hace un tiempo; ahora transitando un nuevo camino en soledad, lo que bien me hace; para conocer otra gente, reflexionar y ubicarme desde otra perspectiva.
Todo o caso todo lo vuelco al blog.
fue una catarsis y un rincón de contención inesperado.
Bueno aqui estoy.
1 beso
Gracias por preocuparte.

Anónimo dijo...

Ocurre que estoy sentado pero soy claramente consciente de que vuelo porque siento el viento que golpea mi cara y agita mi pelo y, aunque veces no puedo evitar pensar que se acabará el impulso que me mantiene en el aire,... sólo quiero volar más para que el rugido de Eolo ensordezca en mi mente al aullido perfumado de aliento putrefacto de la muerte

SILVINA E. dijo...

impactante comentario!!!! deberias firmarlo!!!!