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miércoles, 10 de octubre de 2012

PARA VOLAR HABÍA QUE SUBIR TRES PISOS POR ESCALERA




"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como 

magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. 
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un 
aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente 
capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una 
exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! - y en esto soy irreductible – 
no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben 
volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!
Esta fue - y no otra – la razón de que me enamorase tan locamente, de 
María Luisa.
¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? 
¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de 
pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor 
a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando 
realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando de algún paseo 
por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito 
rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me 
abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier 
parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos 
aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una
nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el 
aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera... aunque nos haga  ver, 
de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los 
días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase
de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia 
sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las
nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer 
pedestre, y por más empeño que ponga en conseguirlo, no me es posible
ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando".

                                                                                                         Oliverio Girondo


Él subió la escalera de dos en dos como un chico.
Siempre le había molestado que ella viviera en un tercer piso por escalera porque llegaba agitado,y tal vez ella podría pensar que respiraba así por la excitación.
Entraba al departamento y se iban a la habitación de ella,siempre el mismo ritual de parecer amigos.
Miraban tele,escuchaban música,charlaban de pavadas.
Sabían que aproximadamente a los diez o quince minutos,la mano de él comenzaría a hacerle cosquillas o caricias leves.
Ella le diría sistemáticamente que era un "zarpado",que recuerde que eran "solo" amigos.
Esa aparente advertencia los llevaba como si fuera una llave mágica,a comenzar a besarse y acariciarse desesperadamente,hasta que ella de pronto hacia como que recobraba la cordura y lo apartaba.
El aprovechaba a colocarse el condón,y entonces ella subía la música para que no se escucharan sus gemidos y grititos de placer.
Ella era la que lo invitaba a escuchar música y le decía que eran "solo amigos",aunque también era ella la que lo llevaba directo a su cuarto y cerraba con llave.
Ese juego lo estaba enloqueciendo.
Un día, él sacó un papelito arrugado del bolsillo y le recitó un poema de Oliverio:


"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como 
magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija..."


El sabìa que a ella un papel arrugado con una poesìa garabateada a puño y letra, le importarìa poco.
Ella supo que él buscaría  a partir de esa tarde, a una mujer que lo hiciera volar y de la cual pudiera enamorarse.
Entendiò que no era la elegida.
Cuando él se fué, tuvo la certeza de que no lo volvería a ver.
No podía llorar pero sintió que algo se le rompía por dentro.

Pasaron algunos años.
Ya no vivía en un tercer piso por escalera.
Ya no tenía amigos que vinieran a pasar la tarde y gastar las horas.
Conoció a muchos hombres pero ninguno le erizaba la piel como aquel amigo.

Una noche, luego de unas copas y de reír por pavadas,alguien la acompañò a su casa.
Se besaron y cuando estaban por entrar al dormitorio,el hombre sacó un papelito arrugado del bolsillo y le comenzó a recitar mirándola a los ojos:

"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como 
magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija..."


Ella puso un dedo en los labios de él y con los ojos inundados continuó:

"...yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer 
pedestre, y por más empeño que ponga en conseguirlo, no me es posible
ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando".

Se dió cuenta que todos esos años había estado buscando a ese hombre que pudiera hacer todo volando,incluso y sobre todo el amor.
Había aprendido cada palabra, cada punto y cada coma del poema.
Se reconocieron en esas palabras con historia y por fin volaron.

















10 comentarios:

Enigma dijo...

Me dieron ganas de volar.
Un beso, mujer de letras azules...

Ramón María Vadillo dijo...

Bien llevado SILDELSUR, he disfrutado con la historia, aparte de lo ya aprendido después de tanto tiempo, nos pasamos la vida buscando cuando tan cerca tenemos aquello que tanto ansiamos.

Saludo y abrazo

Mascab dijo...

Para volar, no se necesitan alas...solo hay que dejar rienda suelta a la imaginación y abrir las puertas del corazón.

Precioso post.

Saludos

Eva Letzy dijo...

Qué bueno!!! El texto de Girondo me encanta, y te quedó genial intercalado con tu historia (además me recuerda a la peli "el lado oscuro del corazón").
Una cosita, las letras en azul sobre el fondo negro ni te digo lo que me costó leerlas.
Besos

Sola ante el espejo dijo...

El texto me ha hecho volar. Gracias por tú amable comentario. Las mujeres maduras disfrutamos de equilibrio, serenidad y confianza. Eso se refleja en las fotos qué tan bien capta mi amiga TF. Te sigo encantada. Saludos desde España.
http://solaanteelespejo.blogspot.com.es/

Nasogrifo dijo...

Bonita, bonita historia. Difícil ponerle banda sonora... pero algo se me ocurrirá.

aris dijo...

Amar sintiendo es volar... siempre..

Un sonoro beso

Mairló (la chica que comía margaritas) dijo...

Venía a pedirte disculpas y a decirte que debido a mi torpeza se me ha borrado tu comentario :(( (me lo reenviarías, por favor?) y me encuentro con un blog increíble...

Me quedo, sin duda, por aquí!

Un beso

La Isla Misteriosa dijo...

Te has pasado por La Isla y he decidido visitarte. No puedo opinar sobre tu última entrada. Ese azul intenso me ciega.

Un abrazo.

Manuel Santos dijo...

bien, esto fue raro.