Compartimos la mirada...

martes, 5 de noviembre de 2013

ACTO FINAL (segunda parte)

( El relato de la mujer de las piernas largas...)


Desde niñas fuimos compañeras,amigas...como hermanas.
Los eternos veranos en el campo,los pasábamos juntas.Era jugar con los pequeños pollos y los conejos.Era pasar las tardes en el arroyo ínfimo que cortaba el campo a la mitad como una herida incurable que sangraba agua.
Confidentes cuando comenzaron los años de inquietud y sonrojos.
A mi me sucedían una tras otra las historias con jóvenes galantes que me buscaban como la abeja a la flor.
Ella observaba como si disfrutara, de mis sofocos,mis lágrimas cuando las cosas salían mal,mis nervios alterados cuando la regla parecía no venir nunca...
Pero yo no la culpaba!
Jamás hubiera podido acusarla de envidiar un tanto mi situación,ya que a ella parecían ignorarla tanto los jóvenes caballeros,como las compañeras de liceo.
Una vez noté su complicidad con un peón del campo.Más que eso,los vi besarse y luego...luego lo ví todo pero jamás se lo hice saber.
Me había quedado extasiada ante la familiaridad con que se desenvolvieron y saqué la conclusión de que no había sido ni la primera ni la última vez.
Ella jamás me lo confió.
En cambio yo le contaba todo y más.
Le detallaba cada roce,cada beso que me daban.Cada inquietud que mi cuerpo comenzaba a experimentar,se la contaba.
Ella parecía alterarse ante mis confidencias.Yo creía que era por su virtud y me sentía casi perversa por contarle a un alma tan pura, mis aventuras juveniles.Aunque luego de conocer su secreto,mi mirada cambió.
Intentaba sacarle de mentira a verdad,que me terminara confesando que era lo que hacía con aquel jóven del campo cada vez que íbamos de visita a pasar unos días.
Saqué la conclusión de que se avergonzaba de aquello,por lo que no intenté más.
Su secreto moriría conmigo,ya que le debía lealtad por ser como hermanas.
Para que decir que en cuanto pudo, conquistó a uno de mis pretendientes y rápidamente se casó con él.
Me dolió en su momento la deslealtad,pero la perdoné ya que nunca había tenido otro hombre que la cortejara fuera del peón.
Siempre supe que ella quería todo lo mío: amaba probarse mi ropa, leía mis libros y copiaba mis modales.
El haberse casado con uno de mis pretendientes no me habìa llamado la atención.
Poco después de casada,comenzó a invitarme a visitarla y me hablaba sobre la insatisfacción con  su marido.
Se acurrucaba en mi pecho y lloraba y luego...luego me pedía que la besara y acariciara.Yo la besaba en la frente y las manos.
Las caricias eran a lo largo de su cabello que caía pesado por sus hombros y espalda.
Un día dejó caer su delicada túnica y quedó desnuda.
Al verla me sentí ultrajada por la situación y corrí hasta salir de la casa.
Me rogó que la perdonara,que no sabía que había sucedido y yo accedí a verla nuevamente.
Una noche en la cena estábamos ella,su esposo y yo.
Ella pidió que la disculpáramos por tener un pequeño malestar y nos quedamos cenando y bebiendo el marido y yo.
Largas horas...
El,que me había pretendido,no había perdido su deseo por mi.
En cuanto pudo,me hizo saber que no me había olvidado y yo...me dejé llevar.
Era una locura,lo se.
El me hablaba del desgano de ella para con él. De su soledad.
Nos besamos como locos escondidos en una pequeña habitación de la planta baja.
A partir de allí se nos hizo costumbre encontrarnos y amarnos, hasta extenuarnos.
Supe desde el primer momento,que ella lo sabía.Es más: ella lo había preparado adrede.
Me quería cerca y me tendió una trampa para no perderme.Pero no calculó que así me perdería más aún.
Un día llegamos él y yo y no había nadie en la casa.
Me ofreció ir a la habitación matrimonial y no me negué ya que estaba un poco borracha y me pareció una aventura sin consecuencias.
El fue a buscar algo para beber y dejamos los vasos en el living.
Más tarde regresamos a terminar de beber.
Volvimos a la habitación y sentí que todo me daba vueltas,una sensación de ahogo me oprimía el pecho.
El estaba palideciendo y cuando estábamos por retomar los besos y abrazos,él se desplomó sobre mí y yo perdí el conocimiento.
Tiempo después desperté en un hospital,mi madre cerca de la cama me contó una historia:
esa mujer nos había envenenado y estaba presa por intento de homicidio.
Ella se entregó creyendo que las muertes estaban consumadas.
Su marido al sentirse mejor desapareció del hospital.


Había sido mi mejor amiga y me había querido asesinar!
Ella dijo que fue por amor...a mi.


5 comentarios:

Ester dijo...

¿Y ahora que digo? Me he quedado muda, vaya relato, o tienes una imaginación portentosa o una vida azarosa jeje.
Me has mantenido tensa hasta el final. Saltos y brincos

SILDELSUR dijo...

Querida Ester:
me inclino por la imaginación!!!
Nada que ver con mi vida!!!
Por eso,como mi vida es bastante tranquila y común,me salgo de lo habitual cuando escribo.
La mayoría de los que escriben lo hacen para dejar volar la imaginación y tomar un recreo de la vida cotidiana.
Besos y brincos! Jajaja!

(Me alegra que te haya tenido pendiente hasta el final!)

Guantes De Lana dijo...

Excelente texto, al igual que su pre cuela. Muchas imágenes, muy cortazianas algunas. Con mucha mucha sensualidad, que no exagera y queda en la imaginación del lector.
Me gustó mucho.
besos totales.

Darío dijo...

Un thriller brutal!!!

Jorge Ampuero dijo...

Certero relato revelando nuestra eterna contradicción humana.

Besos.