Pronto dejé las muñecas.
Sentía que era algo vergonzante y a los siete años las cambié por libros que leía y devoraba apasionadamente.
En el fondo de mi alma deseaba aún abrazar a algunas de ellas.Solo me permitía cambiarles cada tanto la ropa y lavarlas como se lava un plato,de manera mecánica y fría.Hubiera querido bañarlas como si fueran mis pequeñas hijas pero algo me decía que no,que ya no...
Que pena haber sido adulta siendo tan chica!!!
No recuerdo como fue que mis juguetes fueron regalados (al menos conservé algunas muñecas de recuerdo).
Será por todo esto que nunca pude regalar ni una cucharita del juego de té de juguete de mis hijas!
Cada rompecabezas,cada pequeña olla,todo fue guardado con amor para cuando quisieran: tal vez para cuando la nostalgia por la infancia las hiciera añorar aquello o para sus hijos,quién sabe?
Todo les fue guardado y permitido, para jugar hasta que lo desearan.
Aunque el jugar con juguetes haya pasado de moda y se use casi exclusivamente la compu,los juguetes están.
Esperan paciente y amorosamente que alguien levante la tapa del cofre que habitan, para volver a brillar.
Conservan ese aroma a infancia y a bebé tan rico!
Y si ellas ya nunca más los quieren,estaré yo para cada tanto levantar la tapa del cofre y mirarlos con ternura.
Tal vez acariciar un oso de peluche o arreglar el cabello de una muñeca.
Las mujeres tenemos la capacidad y la sensibilidad de jugar a las muñecas.. para siempre.



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